Diario Colatino
Iván C. Montecinos
Hace unas tres décadas, cuando la agricultura era el principal rubro que movía la economía del país, era común escuchar la siguiente máxima: “Con buena tierra, abundante agua y un tractor... cualquier pendejo es agricultor”. En la actualidad, esto ya no es posible, ya que la buena tierra es poca, muchas fuentes de agua se han secado y otras están contaminadas; además, el diesel que mueve el tractor está por las nubes y para terminar de amolar faltan campesinos que trabajen la tierra.
El panorama de nuestro país es muy sombrío, ante los apocalípticos anuncios de la FAO, CEPAL y otros organismos internacionales que presagian y piden ayuda para combatir una inminente hambruna a escala mundial, debido a la crisis alimentaria provocada por los altos precios de los alimentos. Esta difícil situación ya comenzó a provocar serios disturbios en algunos países como Haití y Honduras.
En tanto, un estudio del programa Mundial de Alimentos de la ONU dice: “En El Salvador, el encarecimiento de los alimentos en los mercados mundiales ha provocado que una caída de 50% en el poder adquisitivo de comida para la población que habita en zonas rurales”. “Esto significa que su ingesta nutricional, que ya es pobre, se redujo a la mitad”, aseveró el estudio.
Mientras el tema de la crisis alimentaria está entre las noticias más importantes de los grandes medios internacionales, aquí en el país, los responsables de dictar las medidas agrícolas, no tienen planteamientos claros de lo que debe hacerse para tratar de que el impacto no sea devastador, especialmente en la clase pobre que es la mayoría.
Solamente se limitan a expresar de que ahora es importante que los agricultores siembren lo más posible, ya que hoy sí obtendrán buenos precios por sus cosechas; pero se olvida mencionar el alto costo que tendrá la siembra debido al precio desproporcionado de los insumos agrícolas, para muestra un botón, hace un año el saco de Sulfato costaba entre $28.00 y $29.00, actualmente tiene un valor de $48.00, y en esa proporción están otros productos necesarios para la siembra. A esto hay que agregar el alto precio del diesel, principal combustible para accionar maquinaria agrícola y no olvidemos la falta de créditos para los agricultores, lo que limita su capacidad de producción.
A lo anterior hay que sumarle la escasez de trabajadores que hay en el campo, ya que muchos campesinos se fueron para el “norte” y los que quedaron, como reciben las benditas remesas, no están dispuestos a laborar un jornal por $4.00 o $5.00 diarios.
Esta es la cruda realidad de nuestra agricultura, la cual fue desmontada por sucesivos gobiernos de ARENA, desde hace mucho tiempo, bajo el argumento de que resultaba más barato importar los alimentos que cosecharlos y se abandono totalmente a los productores de granos básicos.
Mucho se ha criticado, especialmente el editorial venenoso de un derechista periódico matutino, que a menudo recuerda el fracaso de la reforma agraria implantada a principios de la década de los ochenta por el Gobierno Demócrata Cristiano y trata despectivamente y de incompetente a las cooperativas agrícolas que fueron favorecidas con el reparto de tierras.
Vale recordar, que esa reforma agraria fracasó, principalmente, porque fue concebida como parte de un plan estratégico contrainsurgente, cuyo objetivo fundamental era evitar que los campesinos pasaran a engrosar las filas del ejército guerrillero.
Posteriormente, las cooperativas agrícolas fueron abandonadas a su suerte y no se les dio la necesaria asistencia técnica, ni mucho menos se les abrieron créditos especiales para poder trabajar las tierras. El fracaso no se debió a la incompetencia de los campesinos y si no que refuten, ¿quiénes hacían producir la tierra de los señores terratenientes, que hasta se daban el lujo de tratar con desprecio a los campesinos a quienes les pagaban salarios miserables?
Recuerdo que en una ocasión cuando trabajaba para una importante empresa agrícola alemana, visitamos con un técnico agrónomo a una de las grandes haciendas algodoneras del oriente del país y cuando llegó la hora del almuerzo, el terrateniente después de varios tragos de un fino licor, en forma autoritaria mando a llamar al capataz de la propiedad y de manera prepotente comenzó a ultrajarlo con malas palabras, reclamándole que lo había engañado, ya que la cipota que le había traído el pasado fin de semana para que se acostara con él, no estaba virgen, como se lo había prometido. Así se comportaban muchos terratenientes en aquellos tiempos de bonanza agrícola.
“No hay que mirar el pasado” dijo el otro día en televisión, el Ministro de Agricultura; pero cuando se trata de este tema sí es importante recordar los exitosos programas que ayudaron a impulsar el agro, como lo fue el “Club 4C”, los huertos escolares, donde los alumnos sembraban legumbres, verduras, maíz y otros productos que luego eran cocinados y se les servía a los mismos estudiantes.
Cómo no recordar las agencias de extensión agrícola que se encontraban hasta en las pequeñas poblaciones y desempeñaban un papel muy importante en la asistencia técnica a los campesinos.
Tampoco debemos olvidar las oficinas regionales del Centro de Tecnología Agropecuaria (CENTA), que hacían una valiosa labor de investigación agrícola. En esos tiempos los agrónomos e ingenieros de la agronomía eran de gran valor. Luego con la industrialización se devaluaron estas profesiones.
Claro que debemos ver al pasado, para saber qué hacer en este sombrío futuro de la crisis alimentaria y buscar soluciones que no solo se limiten a regalar semilla y abono, que como ya es conocido, esta ayuda, el régimen la entrega con criterio partidista y como tal es regalada a los correligionarios del partido en el gobierno y hoy que se está en campaña electoral esto será más evidente.
Ojalá, que las autoridades encargadas de la agricultura procedan con sensatez y responsabilidad, ante semejante problema y piensen que “ SIN AGRICULTURA NO HAY COMIDA”.
“Y Ahora escribe Iván C Montecinos”. Periodista Colaborador de Raíces y Diario Co Latino.
.