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  Agricultura Orgánica plataforma sustentable de vida sana

Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino


El zacate de arroz picado en los senderos que dividen el piñal, sirve de tapiz al paso de varios agricultores provenientes de las comunidades del Oriente del país.

El propósito de todos ellos es intercambiar experiencias con José Humberto Cruz, agricultor orgánico, que tiene su pequeño “berjel” en el caserío San Francisco, Valle La Puerta, Tacuba, Ahuachapán.

En el marco del Primer Encuentro Nacional de Agricultura Orgánica, celebrado entre el 4 y 7 de noviembre, las organizaciones no gubernamentales que pertenecen al Movimiento de Agricultura Orgánica de El Salvador (MAOES) concretaron experiencias para fortalecer el encuentro latinoamericano del próximo año.

La “agricultura orgánica”, es el fomento para mejorar y dar protección a los agrosistemas y la biodiversidad nacional, desde una visión social, ecológica y económica, de manera sostenible; este tipo de práctica se viene extendiendo en toda América Latina.

En El Salvador, MAOES se extiende por todo el país, en una red que incluye ONG, cooperativas, pequeños productores, agricultores y empresarios privados, que impulsan la iniciativa de potenciar la capacidad ambiental y disminuyen la depredación de los ecosistemas.

Cruz explicó a sus visitantes que su huerto casero orgánico le ha permitido que hortalizas como el repollo, cebolla, tomate, lechuga y flor de izote, potencien su contenido proteínico con prácticas sencillas de cultivo.

“Aquí se debe trabajar con lo que se tiene en la finca. Se puede utilizar la gallinaza, y el carbón, en lugar de comprarlo caro, se usa el olote quemado y otros montes verdes, puede ser también zacate de arroz picado, son elementos para un fertilizante orgánico”, afirmó.

“Los microorganismos aeróbicos vienen en la melaza, estiércol de ganado y levadura de pan, y sales minerales boro, sufaltado de potasio, todo esto se procesa y tenemos un biofertilizante”, agregó.

El agricultor anfitrión pertenece a una cooperativa de la Fundación para el Desarrollo Socioeconómico y Restauración Ambiental (FUNDESYRAM), institución facilitadora y multiplicadora de la innovación y transformación del territorio, que está dentro de MAOES.

Asimismo, Carlos Ramos, Coordinador de Proyectos de FUNDESYRAM, informó que trabajan junto a los actores locales y entidades gubernamentales, con el fin de extender el desarrollo humano con equidad de género, y generar un “salto de calidad”, para la agricultura nacional.

“Aquí organizamos a la gente para que participe en las soluciones de sus problemas. Somos facilitadores de técnicas y conocimientos, para que juntos construyan su desarrollo económico local de manera sustentable. Participan mujeres, jóvenes y hombres, todos tiene acceso al conocimiento del manejo del medio ambiente y la vulnerabilidad”, explicó.

Sobre los biofertilizantes, Cruz señaló que las preparaciones deberán contar con una distribución (boro y calcio) preciso, para evitar que legumbres como el pepino se vuelva amargo y esto evite su comercialización en el mercado.

La “moringa o teberinto”, como le llaman, es un árbol pequeño, cuyas hojas sirven para complementar sopas, tortas de carne y los ticucos, (tamal con gallina), que es una fuente alta de nutrientes, “tiene 7 veces más vitamina C, que una naranja”, comentó.

Respecto a los fertilizantes, Cruz explicó que el “bocachi” es efectivo. Se prepara sin melaza, debido a que el suelo arcilloso de Tacuba guarda calor y para evitar “derretimiento” se utiliza una mezcla de cáscaras de arroz, café (pulpa), gallinaza, carbón (cachaza de caña), que lo concentra en 17 días, para después aplicarlo a los cultivos.

“Sobre pesticidas tenemos una opción para el chile dulce, tome un rollito de hojas de Madre Cacao, saque un extracto tras hacer una infusión en una cubeta, y riéguelo cada 3 días. Si hemos detectado la mosca blanca, el olor y sabor amargo la ahuyenta. Ya hemos experimentado con eso y nos dio resultado, pero también podemos utilizar el orégano, chile y la flor de muerto”, indicó.

Mientras, don Wenceslao Anaya, en el Cantón Loma Larga, de Tacuba, utiliza la crianza de las ovejas “pelibuey”, vendiendo su carne y combinando las ganancias con la producción de abono en las canteras de lombrices, para generar fertilizante orgánico para cultivos de frutales.

El proceso es un círculo productivo, las ovejas comen hierbas verdes, no consumen concentrados, con su estiércol se prepara el bocachi (abono) con hojas de caña de azúcar y lo coloca en la cantera de las lombrices de las clase africana y californiana, que salen a comer el bocachi previo, donde liberan orines y estiércol, que es rico en nutrientes, por lo que éste es tomado para preparar el suelo y así cultivar árboles frutales.

En la red del cultivo orgánico se ha incluido una Planta Piloto Agroindustrial en Tacuba, con el fin de comercializar el producto cultivado y generar más ingresos a las cooperativas.

Katya Weil Sosa afirma que el proyecto de la planta procesadora de frutas, para comercializar con supermercados y el mercado local, es un reto que están comenzando a cumplir.

“Estamos entusiasmados porque ya contamos con los permisos del Ministerio de Salud, en cuanto a la sanidad de los alimentos que preparamos. Tenemos ya registrada nuestra marca comercial (agrotropical) en el CNR, que son las certificaciones más difíciles de obtener”, afirmó.

Mientras, José Antonio Pérez, miembro de la cooperativa comentó que procesan jaleas y salsas criollas, bajo un estricto proceso sanitario de alimentos.

“Hacemos mermeladas de mango, piña, guayaba; también pulpa de anona, estamos con un contrato de mil libras de mango negro (ciruela) para Walt Mart; nuestra mayor ilusión es que vamos a construir una nave industrial, donde haya maquinaria sólo para lavar fruta, que mide más de 10 metros de largo, es un gran reto y estamos dispuestos a realizarlo”, afirmó.

Carlos Ramos, de FUNDASYRAM, informó que trabajan en el desarrollo de la microregión Puxtla, que incluye a los municipios de San Pedro Puxtla, Santo Domingo de Guzmán y algunos cantones de Guaymango; la microrregión Tacuba y la microrregión Centro Sur, Jujutla, Apaneca, Concepción de Ataco y Guaymango.

“Es un gran reto, así como tenemos zonificado aquí, asimismo CORDES, comunidades del Bajo Lempa y otras organizaciones estamos trabajando por dar ese salto de calidad para el desarrollo agrícola. Nosotros contamos además, con la ayuda de Horizont 3000, Cooperación Austríaca para el Desarrollo, Oxfam Internacional, la Unión Europea, DKA Austria, Aktion Brudery Manos Unidas, entre otros”, concluyó.

 

 

 

   
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